Es hueso de mis huesos
«Esta vez sí que es hueso de mis
huesos y carne de mi carne. (Gn 2,23). Reconozco que TU eres parte de MI, que
TU y YO somos UNO. Reconozco que una parte de mi está en ti, por esto me siento
unida a ti.
Entonces ¿Qué nos aleja?
Las creencias, si esos
pensamientos por creer como debes ser según yo, mejor dicho, según la tradición
recibida en la familia, sociedad o religión provocan que te reconozca diferente
a mí, al punto de rechazarte.
“Por eso deja el hombre a su
padre y a su madre, y se une a su mujer, y se hacen una sola carne” (Gn 2,24).
Dejar las tradiciones familiares excluyentes que me atan a una forma de mirar
el mundo, de comprender que existen otras maneras de vivir, relacionarse tan válidas
como las mías. Dejar la seguridad del “así
se ha hecho en mi familia” para vivir según tu y yo creemos pueda ayudar a
encontrarnos, a reconocernos como diferentes y a la vez iguales.
Aceptar que la diversidad
enriquece la unidad. Pues unidad, ser uno es todo lo contrario a la
uniformidad.
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